En la provincia de Vizcaya, entre las localidades de Bermeo y Bakio, se encuentra la ermita de San Juan de Gaztelugatxe construida sobre un pequeño islote al que únicamente se puede llegar tras atravesar un antiguo puente de piedra y subir nada más y nada menos que 321 eternos escalones. Las vistas desde lo alto son sobrecogedoras y a la magia del momento se suma una banda sonora de lujo, el repicar de las campanas de aquellos que llegan a la ermita y que, cumpliendo con la tradición, tocan tres veces para que sus deseos se puedan cumplir. Enfrente de la iglesia hay un pequeño refugio con una chimenea para aquellos que se animen a hacer noche en este bucólico rincón de la costa vasca y alucinar con un amanecer que tiene que ser único. Sin ninguna duda, merece la pena el esfuerzo de la subida.




