Uno de los lugares más visitados de Francia es el Monte Saint Michel, un rincón lleno de magia entre las regiones de Normandía y Bretaña. Esta abadía fue construida en el siglo XIII sobre un islote en medio de una enorme bahía y sólo se puede acceder a ella cuando la marea está baja. En determinadas épocas del año la inmensa afluencia de turistas puede llegar a ensombrecer el encanto de un lugar que si visitas en temporada baja te sobrecogerá. Una manera de lograr esta cotizada soledad es madrugar lo suficiente como para conseguir llegar antes que los grupos de turistas; otra es hacer noche en alguno de los hoteles de la abadía y vivir la experiencia de estar durante unos minutos totalmente rodeado de agua. Para disfrutar del Mont Saint Michel con otra perspectiva, no dejes de ir a comer a Cancale, un puerto pesquero desde donde las vistas de Saint Michel son únicas y donde, según dicen los franceses, se comen las mejores ostras del país. Para rematar el día nada mejor que pasar la tarde en el bucólico pueblo de Saint-Malo.
Para llegar desde Rennes puedes coger el tren hasta Pontorson donde tendrás que coger un autobús hasta Saint Michel, o bien puedes ir directamente en autobús desde Rennes. Una última advertencia: parte de las arenas que rodean el islote son movedizas. Sólo se recomienda acercarse a ellas si se hace acompañado de un guía.
Para llegar desde Rennes puedes coger el tren hasta Pontorson donde tendrás que coger un autobús hasta Saint Michel, o bien puedes ir directamente en autobús desde Rennes. Una última advertencia: parte de las arenas que rodean el islote son movedizas. Sólo se recomienda acercarse a ellas si se hace acompañado de un guía.















